– Todavía no hemos descubierto nada.

– Pero lo haremos. Contigo al mando no hay forma de que fallemos.

– Solo tratas de adularme para llevarme a la cama -replicó ella, pero él oyó el placer en su voz.

– ¿Ahora tengo que adularte para llevarte a la cama? -Él dio un dramático suspiro- Señor, ¿qué pasó con eso de sacarme el pajarito?

Sam se detuvo en el camino y se rió en voz alta. Él se alegró de oír el sonido. Todo el día había estado crispada y nerviosa, como si estuviera preparándose para lo peor. Él sabía que esta búsqueda era importante para ella, así es que la comprendía. Pero su felicidad era importante para él, y el verla tan tensa y ansiosa no le gustaba nada.

Sus ojos oscuros le sonrieron, y cuando ella le tendió su mano él la tomó sin vacilar. No era un tipo romántico, pero Sam sacaba cada diminuta partícula de romance que había en él. Su boca se arqueó en una media sonrisa. Mejor encarar los hechos de frente -había sido domado por una bibliotecaria.

Se volvió más complicado andar mientras escalaban, pero siguieron a buen paso y, antes de que hubiera pasado una hora, habían recorrido la distancia entre su lanzadera y la cima de la pequeña montaña en el planeta Cerridwen.

– De acuerdo -dijo ella cuando terminó la pista-. Ahora necesitamos encontrar una roca grabada con este símbolo. -Sacó una hoja de papel doblada de la pequeña bolsa que llevaba.

– ¿Qué es eso? -Él estudió el diseño sobre el hombro de ella- Parece un círculo encima de una cruz.

– En la Tierra lo llamaban anj

– Hum. Bueno, es apropiado para esas bases de datos, supongo.

Asintiendo, Sam le tendió la imagen y empezó a examinar detenidamente las rocas que estaban delante de ella. Él hizo lo mismo. Les llevó casi media hora localizar la marca, pero una vez que lo hicieron las cosas empezaron a moverse rápidamente.



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