Sintió el calor que desprendía el asfalto mientras atravesaba el párking en dirección a su coche. Había un olor a frituras y gases de tubo de escape en el aire. Junio estaba empezando y Chicago ya había declarado el primer día de Protección de la Capa de Ozono del verano. Tiró el traje amarillo completamente ajado en un cubo de basura para no tener que volver a verlo.

Su móvil sonó mientras se montaba en el sofocante coche. Abrió la puerta para poder respirar.

– Annabelle.

– Annabelle, tengo una gran noticia.

Suspiró y apoyó la frente sobre el volante caliente. Justo cuandocreía que lo peor ya había pasado.

– Hola, mamá.

– Tu padre ha hablado con Doug hace una hora. Tu hermano esoficialmente vicepresidente. Lo anunciaron esta mañana.

– ¡Es fantástico!

Y aunque Annabelle no cabía en sí de alegría y entusiasmo, la percepción extrasensorial de su madre no se hizo esperar:

– Por supuesto que es fantástico -dijo bruscamente-. De verdad, Annabelle, no sé por qué tienes que ser tan envidiosa. Doug ha trabajado duro para llegar a donde está. Nadie le dio nada.

Excepto unos padres amantísimos, una educación universitaria de primer orden y un generoso regalo de graduación en metálico para ayudarle a empezar.

Las mismas cosas que había recibido Annabelle.

– Sólo tiene treinta y cinco años -prosiguió Kate Granger- y ya es vicepresidente de una de las empresas de contabilidad más importantes del sur de California.

– Es un crack. -Annabelle levantó la frente del abrasador volante antes de que la marcase con el estigma de Caín.

– Candace va a ofrecer una fiesta en la piscina, el próximo fin de semana, para celebrar el ascenso de Doug. Han invitado a Johnny Depp.



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