
Por alguna razón, Annabelle no podía imaginarse a Johnny Depp en una de las fiestas en la piscina de su cuñada, pero no era tan estúpida como para expresar su escepticismo.
– ¡Vaya! ¡Es increíble!
– Candace no se decide entre una fiesta del Pacífico Sur y algo más propio del Oeste.
– Es una gran anfitriona; estoy segura de que, haga lo que haga, será un éxito.
Las habilidades psíquicas de Kate Granger estaban a la altura de su propia línea 800.
– Annabelle, tienes que esforzarte más por superar tu hostilidad hacia Candace. No hay nada más importante que la familia. Doug la adora. Y es una madre maravillosa.
La frente estaba empezando a llenársele de gotitas de sudor.
– ¿Cómo le va a Jamison con el entrenamiento para dejar los pañales?
Nada de Jimmy, ni Jamie, ni Jim, ni ninguna de las variaciones comunes. Sencillamente, Jamison.
– Es tan listo… Sólo es cuestión de tiempo. Tengo que admitir que era algo escéptica acerca de todas esas cintas de aprendizaje, pero no hay más que ver, sólo tiene tres años de edad y fíjate qué vocabulario maneja.
– ¿Sigue diciendo «gilipollas»?
– Eso no tiene ninguna gracia.
En los viejos tiempos, cuando su madre tenía sentido del humor, habría sido gracioso, pero, a los sesenta y dos años de edad, Kate Granger no conseguía habituarse a su nueva vida de jubilada. Si bien los padres de Annabelle se habían comprado una espectacular casa en la playa, en Naples, Florida, Kate echaba de menos San Luis. De naturaleza inquieta, dirigía toda la energía, que en el pasado había volcado en una carrera bancaria de éxito, hacia sus tres hijos adultos. Especialmente hacia Annabelle, su único fracaso.
– ¿Cómoestá papá? -preguntó Annabelle, con la esperanza de posponer lo inevitable.
– ¿Cómo crees que está? Juega dieciocho hoyos por la mañana y se pasa toda la tarde viendo el canal de golf. Lleva meses sin abrir una revista médica. Lo normal sería que, después de cuarenta años como cirujano, sintiese alguna curiosidad, pero las únicas ocasiones en que muestra algún interés por la medicina es cuando habla con tu hermano.
