
– Resultó que se lo estaba pasando bien con una decoradora de interiores mientras tanto. Supongo que ella necesitaba practicar con alguna casa y él aprovechó la ocasión. Cuando ella terminó con el chalé, se mudó -Beth se sonrió-. O tal vez él la hizo irse.
– Eso parece más posible. Después de todo, ¿por qué va a molestarse en casarse si se lo pasa tan bien sin hacerlo?
Beth frunció el ceño.
– Nick no es así.
– ¿No? -Cassie negó con la cabeza-. Es un hombre atractivo, Beth, tal vez tengas razón y no sea tan cínico como parece, pero yo exijo algo más en un hombre.
– ¿Algo más?
– Más sustancia -contestó Cassie-. Es encantador, muy guapo, pero es un donjuán, y yo soy un cisne.
– ¿Un cisne?
– Los cisnes se emparejan para toda la vida -pero sus labios aún ardían por el fuego de aquel beso.
Beth la miró asombrada y enternecida a la vez. Parecía decirle que cinco años de duelo eran suficientes; que lo dejara ya.
– Sí, ya sé. Terminaré mi vida hablando con mi gato -dijo Cassie rápidamente antes de que Beth se lo dijera.
– Es posible. Pero ésa no es razón para no divertirse un poco con alguien así, mientras esperas que llegue otro cisne como tú. Tal vez estés a tiempo de volverte atrás y llamar a Nick para almorzar -Beth se empezó a mover hacia la puerta.
– Quédate donde estás, Beth Winslet. Nick Jefferson no es un hombre para mí.
– Es el hombre para cualquier mujer -sonrió pícaramente Beth.
– Exactamente. Y no está dispuesto a sentar cabeza con ninguna mientras pueda tener a disposición a todas ellas, ¿no crees? Así que, ¿adónde te llevo a almorzar?
Beth continuó desafiándola unos segundos más, luego se rindió.
– Es increíble la cantidad de gente que has atraído a la tienda esta mañana -le dijo cambiando de tema.
– Y algunos incluso han comprado el libro -dijo Cassie con una sonrisa mientras firmaba los libros de la pila de la izquierda.
