Quizá la piedra decepcionó a los observadores humanos, o quizá recordaron lo que les ocurría a los metales en ese planeta, y no se lanzaron a conclusiones precipitadas de su nivel cultural tomando como base tal material. En cualquier caso, observaron cuidadosamente al nativo.

Resultó más fácil de lo que podría haber sido; aquel entorno, situado a varias millas del punto de aterrizaje, era bastante más desigual. La vegetación era más alta y menos frágil, aunque seguía siendo virtualmente imposible evitar que el robot no dejara rastro. En un primer momento, los hombres sospecharon que las altas plantas impidieran al nativo darse cuenta de la presencia de la relativamente pequeña máquina; luego se dieron cuenta de que la atención de aquél estaba totalmente centrada en algo más.

Se trasladaba lentamente y parecía querer dejar el menor rastro posible. Hay que tener en cuenta el hecho de que no dejar rastro resultaba prácticamente imposible, lo que explicaría que periódicamente se detuviera y construyera un peculiar artilugio con las ramas de una de las plantas más raras y elásticas y con afiladas hojas de piedra que extraía de un gran saco de cuero, en el que llevaba un suministro aparentemente interminable, que colgaba de su cuerpo escamoso.

La naturaleza de estos artilugios resultó evidente una vez que el nativo se alejó lo suficiente para permitir una investigación más cercana. Eran trampas para incrustar una punta de piedra en el cuerpo del que intentara seguir sus pasos. Debían estar puestas para animales en lugar de para otros nativos, pues podían ser fácilmente evitadas simplemente con seguir un camino paralelo.



7 из 182