Estupendo. Probablemente ella comenzaría el vuelo ya enfadada, porque nadie había estado allí para ayudarla. Por otra parte, al menos no se había quedado esperando con gesto altivo hasta que alguien apareciera.

Cuando estuvo en posición, apagó el motor y saltó fuera. Según se volvía hacia la puerta la vio salir del edificio de la terminal, tirando de una maleta con una mano mientras llevaba un gran bolso en la otra. Karen la acompañaba arrastrando otras dos maletas.

La señora Wingate lo vio acercarse y se volvió hacia Karen.

– Creía que Bret iba a ser mi piloto -dijo con su tono frío y neutro.

– Está enfermo -explicó Karen-. Créame, no le gustaría a usted tenerlo cerca.

La señora Wingate no se encogió de hombros ni dejó que en su expresión se reflejara ni un atisbo de lo que estaba pensando.

– Claro que no -dijo brevemente, con los ojos completamente ocultos por las oscuras gafas de sol que llevaba puestas.

– Señora Wingate -saludó Cam cuando llegó junto a ellas.

– Capitán Justice. -Cruzó la puerta en cuanto él la abrió.

– Permítame llevar sus maletas. -En silencio ella soltó la maleta antes de que la mano de él se acercara siquiera al asa. Siguiendo su ejemplo, él no dijo palabra mientras colocaba el equipaje en el compartimento, preguntándose si habría dejado algo de ropa en el armario. Las maletas eran tan pesadas que no habría podido llevarlas en una compañía comercial sin pagar una suma considerable por exceso de equipaje. Cuando llevaba un solo pasajero, a menudo prefería que se sentara a su lado y no en uno de los cuatro asientos para pasajeros que estaban detrás de la cabina del piloto, en parte porque era más fácil hablar con él con los auriculares del copiloto puestos. Ayudó a la señora Wingate a montarse en el avión tendiéndole la mano mientras subía la escalerilla y después ayudándola a pasar al interior; ella se sentó a su lado, dejando patente que no quería hablar con él.



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