
El problema era que algunos tenнan naves enormes, mierda.
La irisada lнnea nocturna se deslizaba a lo largo del borde del planeta mientras el vehivaina personal seguнa recorriendo las уrbitas que lo llevaban de la nave correo imperial de Barrayar, que acababan de dejar, a la estaciуn de transferencia cetagandana que los esperaba mбs abajo. La noche tenнa un brillo impresionante. Los continentes estaban baсados con una lluvia de motas luminosas, como iluminados por las hadas. Miles tenнa la impresiуn de que era posible leer bajo el brillo de aquella civilizaciуn, como bajo la luz de una luna llena. Barrayar, el planeta madre que compartнa con Ivбn, se le antojaba de pronto como una vasta tela absolutamente negra, con sуlo algunas chispas de ciudades aquн y allб. El bordado de alta tecnologнa de Eta Ceta era claramente… barroco. Sн, una esfera con demasiada ropa encima, como una mujer recargada de joyas. De mal gusto, pensу Miles, tratando de convencerse a sн mismo. No soy un patбn provinciano. No me dejarй impresionar. Soy lord Vorkosigan, noble y oficial.
Claro que el teniente lord Ivбn Vorpatril tambiйn lo era, pero eso no llenaba de confianza a Miles. Mirу a su primo, que tambiйn estiraba el cuello, los ojos бvidos, los labios entreabiertos, bebiendo la imagen de su destino, allб abajo. Por lo menos, Ivбn tenнa el aspecto de un oficial diplomбtico: alto, de cabello negro, atildado, una sonrisa fбcil siempre marcada en su atractivo rostro. El uniforme verde de fajina le sentaba de maravilla. La mente de Miles se deslizу, con la insidiosa facilidad de las malas costumbres, a una comparaciуn llena de envidia.
Miles tenнa que hacerse los uniformes a medida, y en lo posible trataba de disimular los graves defectos de nacimiento que tantos aсos de tratamientos mйdicos habнan intentado corregir. En realidad, deberнa dar gracias de que los meds hubieran conseguido tanto con tan poco. Despuйs de toda una vida de enfermerнas, medнa un metro cuarenta, era jorobado y de huesos frбgiles, pero todo eso era mejor que tener que esperar a que otra persona lo arrastrara de un lado a otro sobre un carrito de cuatro ruedas. Claro, claro…
