Si hubiera viajado en línea recta, podía haber cubierto el camino hasta el bosque con facilidad. Incluso con los rodeos que había tenido que dar en el campo de lava, podía recorrerlo antes de que la sed le hiciera sufrir demasiado. Sucedía que no había contado con rodeos extraordinarios, ya que no recordaba haber visto desde el aire algo distinto del conjunto general de grietas y aristas en el flujo de lava. Su memoria no le traicionaba, como luego se vio, pero el terreno sí.

Theer había casi acabado de recorrer su trayectoria hacia el oeste y estaba remontándose bastante, preparándose para su anual acercamiento a Arren, cuando Dar Lang Ahn se encontró con la barrera. No era un simple muro, que en ningún caso hubiera considerado infranqueable; era una grieta, que debía de haberse formado al endurecerse casi por completo toda la masa de lava, ya que resultaba demasiado profunda y larga para haber sido causada por la mera fractura de un trozo de corteza endurecida por la presión del fluido interior.

Nunca se había apercibido de su presencia desde arriba, ya que no era recta, sino que serpenteaba entre los accidentes geográficos más comunes de la región, de forma que había viajado a lo largo de ella durante una hora antes de darse cuenta de la situación, lo que se produjo cuando la grieta empezó a curvarse hacia el ahora lejano volcán.

Cuando se apercibió de lo que sucedía, Dar Lang Ahn se detuvo inmediatamente y buscó la sombra proyectada por una plancha de roca antes incluso de ponerse a pensar.

No paró para lamentarse de su propia torpeza, aunque la reconociera claramente; lo hizo para concentrarse en el problema con que se enfrentaba.

Era imposible escalar las paredes de la gran grieta. La lava, al endurecerse, normalmente presenta una superficie lo suficientemente rugosa como para permitir a su gente clavar sus zarpas en ella, pero en este caso se había quebrado la masa entera.



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