
No es fácil cruzar a pie un campo de lava, incluso sin una carga pesada. Cargado como iba Dar Lang Ahn, constituía una tortura. Sus pies eran lo suficientemente duros como para resistir los agudos trozos de roca que no podía evitar, pero no había ningún tipo de camino llano. Una y otra vez tenía que revisar el tiempo previsto para el viaje, pero se resistía a considerar la posibilidad de un fracaso. Dos veces comió y bebió, si al trago y bocado simbólicos que tomaba se le podía llamar así. Las dos veces lo hizo andando.
Había menos de cincuenta millas entre el sitio donde el planeador se había estrellado y el borde del manto de lava, mas de caer dormido antes de cruzar esta distancia, casi seguro que moriría de sed. No había nada de agua, que supiera, en la lava, y con el verano acercándose la necesitaba casi tanto como un ser humano en la misma situación.
La primera de sus comidas la hizo lo suficientemente lejos de la montaña como para dirigirse hacia el norte, poniendo a Theer totalmente detrás de él. Arren estaba alcanzando el sol rojo, pero las sombras eran todavía cortas. A pesar de estar acostumbrado a dos fuentes de luz, la presencia de ambos soles hacía un poco más difícil evaluar el terreno a más de unas pocas docenas de yardas de distancia, y por lo tanto, con frecuencia no hallaba los posibles atajos.
Aun así, avanzaba. La segunda «comida» la hizo fuera de la vista del volcán, y unas pocas horas después estaba seguro de poder ver una línea verde en el horizonte. Aquello podía naturalmente ser un espejismo, con los que Dar Lang Ahn no estaba nada familiarizado. También podía ser un agrupamiento más denso de plantas espinosas, bulbosas y con forma de barril que crecían aquí y allá sobre la misma lava.
El viajero, sin embargo, se sentía seguro de que aquello era un verdadero bosque, plantas cuya presencia significaría una abundante provisión de agua, que empezaba a necesitar imperiosamente.
Hizo el equivalente a una sonrisa de alivio, cambió la posición del paquete de libros sobre sus hombros, se bebió el agua que le quedaba y volvió a ponerse en marcha hacia el horizonte. Se dio cuenta de su error algo antes de volver a tener sed.
