
Todos se miraron. Un instante de caras atónitas, pero atónitas no por la aparición de algo previsto, sino por todo lo contrario, por todo lo que habría estado demasiado previsto si hubieran pensado un momento en lo que Abdellah decía en vez de pensar en lo que Abdellah era. Hubiese sido tan fácil no haber llegado hasta allí y parecía tan increíble estar allí entonces.
– Martin, Martin -seguía diciendo la boca torcida del tullido.
Larbi y Nehedid fueron los primeros en salir disparados, cada uno a un extremo del camino como si desconfiaran por principio de la dirección que había tomado el otro. Abrieron la perspectiva de golpe y Martin vio cómo la formación de barrera, tal vez eran siete y tal vez alguno llevaba algo que levantó en el aire, hizo un movimiento de onda antes de estrellarse contra los dos que escapaban. Después fue Jorge. Después fue Abdellah, que corría mirando para atrás, mirando a Martin mientras Martin sentía pasos rápidos que subían por la cuesta.
Tardó mucho en empezar a correr. Se había quedado mirando, sin saber por qué, la forma en que Abdellah corría. La muleta se quedaba detrás, lanzando a la pierna buena y cuando la pierna buena se había fijado en el suelo entonces, mucho antes de que continuara la muleta, la pierna raquítica, la pierna encogida, apoyaba la punta del pie en el suelo, estirándose como nunca Martin la había visto estirarse, como un gusano de alambre que tocaba el suelo y escondía enseguida el hocico. Luego llegaba otra vez la muleta, pero cuando llegaba la muleta, Abdellah ya había hecho el paso con sus dos piernas y todo el tiempo parecía que Abdellah iba corriendo con dos piernas sanas. Martin no podía dejar de mirar eso. Tenía la visión de un Abdellah igual a cualquier otro muchacho, sabía que no, pero también sabía que él lo estaba viendo en ese momento y que le gustaría que ese momento fuera muy largo para que Abdellah siguiera corriendo como cualquiera, sólo con la diferencia de una pierna que se encogía muy rápido, pero también con la sensación de que la muleta no era la segunda pierna, sino la tercera, sólo un soporte, un pequeño ajuste en un cuerpo levemente tocado y no en un cuerpo amputado.
