—Metock —dijo—. He estado pensando que no hay razón para que visite a Ransifeld. Mejor será que prosiga mi camino. Pareciera que una senda corre hacia el oeste, a lo largo del curso del río que vadeamos esta tarde. Volveré atrás y la seguiré.

Metock miró hacia arriba; no habló telepáticamente, pero sus pensamientos eran evidentes:

—¿Estas pensando en volver corriendo a casa?

Falk sí le envió una respuesta telepática:

—No, condenado sea, por cierto que no.

—Lo siento —dijo el Hermano Mayor en voz alta, con su modo torvo y escrupuloso. No había pretendido ocultar el hecho de que la partida de Falk lo alegraba. A Metock nada le importaba tanto como la seguridad de la Casa; todo extraño constituía una amenaza, aun ese extraño que conocía desde hacía cinco años, su compañero de caza y el amante de su hermana; pero prosiguió—: Te darán la bienvenida en Ransifeld. ¿Por qué no partir desde allí?

—¿Por qué no desde aquí?

—Tú sabrás por qué eliges esto —Metock puso la última piedra en su lugar, y Falk comenzó a encender el fuego—. Si había una senda por el lugar donde cruzamos, no sé de dónde viene ni adonde va. Mañana temprano cruzaremos un verdadero camino, el antiguo Hirand Road. La Casa Hirand queda muy lejos hacia el oeste, por lo menos a una semana de marcha; nadie ha ido allí durante los últimos sesenta o setenta años. No sé por qué. Pero la senda permanecía aun despejada la última vez que hice este camino. La otra debe ser, tan solo, la huella de algún animal y te extraviará o te conducirá a algún cenagal.

—Muy bien. Probaré el Hirand Road.

Hubo una pausa, luego Metock preguntó:

—¿Por qué te dirigirás hacia el oeste?

—Porque Es Toch se encuentra en el Oeste.

El nombre poco pronunciado sonaba opaco y extraño aquí, afuera, bajo el cielo. Thurro se acercaba con una brazada de leña y miró con inquietud en derredor. Metock no preguntó nada más.



24 из 195