
Por supuesto, el pelo castaño y los ojos marrones ayudaban. Siempre era bueno poseer una tonalidad común. James dudaba que hubiera muchos operativos pelirrojos con éxito.
Pero un año antes, su tapadera había sido descubierta cuando un espía napoleónico había revelado su identidad a los franceses. Y ahora el Ministerio de Defensa se negaba a asignarle cualquier misión más excitante que alguna ocasional redada de contrabandistas
James había aceptado su aburrido destino con un pesado suspiro de resignación. Probablemente era hora de dedicarse a sus propiedades y su título, de todas formas. En algún momento tenía que casarse -por desagradable que la perspectiva le pareciera-y producir un heredero para el marquesado. Así que había dirigido su atención a la escena social londinense, donde un marqués -especialmente uno tan joven y tan apuesto-no pasaba inadvertido.
James se había sentido alternativamente disgustado, aburrido, y divertido. Disgustado porque las jovencitas -y sus madres-lo habían visto simplemente como una gran presa, lista para ser capturada y cobrada. Disgustado, porque después de años de intriga política, el color de las cintas del cabello, y el corte de los chalecos no le parecían fascinantes temas de conversación. Y divertido, porque, para ser franco, si no se hubiera aferrado a su sentido del humor para someterse a esta dura prueba, se habría sentido desesperado.
Cuando la nota de su tía había llegado a través de mensajero especial, estuvo cerca de gritar de alegría. Ahora, mientras se aproximaba a la casa de su tía, en Surrey, sacó la nota del bolsillo y la releyó.
Riverdale-
Necesito tu ayuda urgentemente. Por favor, preséntate en Danbury House con la mayor rapidez posible. No viajes en tu mejor carruaje. Di a todo el mundo que eres mi nuevo administrador. Tu nuevo nombre es James Siddons.
