Jeffrey Archer


Como los cuervos

Para James


CHARLIE


1900 -1919

Capítulo 1

– No te la ofrezco por dos peniques -gritó mi abuelo, sosteniendo la col con ambas manos-. No te la ofrezco por un penique, ni siquiera por medio. No, se las regalo por un cuarto de penique.

Esas son las primeras palabras que recuerdo. Mucho antes de que aprendiera a andar, mi hermana mayor solía depositarme en una caja de naranjas, junto al puesto del abuelo, para conseguir que mi aprendizaje comenzara cuanto antes.

– Sólo lo hago por él -solía decir el abuelo, señalando la caja de madera en la que me encontraba yo.

Para ser sincero, la primera palabra que pronuncié fue «abuelo», y las siguientes, «un cuarto de penique». Cuando cumplí tres años, ya era capaz de repetir, palabra por palabra, sus frases de reclamo. Debo aclarar que ningún miembro de mi familia estaba seguro de la fecha exacta en que yo había nacido, teniendo en cuenta que mi viejo había pasado la noche en la cárcel, y que mi madre murió antes de que yo accediera al mundo de los vivos. El abuelo opinaba que bien había podido ser un sábado, se inclinaba por considerar enero el mes más probable, estaba seguro de que 1900 era el año, y sabía que tuvo lugar bajo el reinado de la reina Victoria. Por lo tanto, todos nos pusimos de acuerdo en el 20 de enero de 1900.

Nunca conocí a mi madre porque, como ya he explicado, murió el día en que yo nací. El párroco lo definió como «parto», pero yo no comprendí la expresión hasta varios años después, cuando me topé con el problema de nuevo. El padre O'Malley nunca dejaba de decirme que era la mujer más santa que había conocido. Mi padre -a quien nadie se le ocurriría calificar de santo- trabajaba de día en los muelles, vivía en la taberna por la noche y volvía a casa por la mañana, pues era el único lugar donde podía caer dormido sin que nadie le molestara.



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