
El Show de Los Muertos Vivos
Un espectáculo vudú para toda la familia
¡Con auténticos zombies antillanos!
Entrada: 20 U$S
Niños menores de 14 años: 10 U$S
Cafetería del Barón Samedí
También figuraban el horario y la dirección: un lugar en las afueras de Miami. Los padres de Gonzalo se rieron un poco y comentaron cómo habían cambiado los tiempos: lo que antes asustaba a los grandes ahora divertía a los chicos.
El espectáculo empezaba a las siete de la tarde. Salieron muy temprano, calculando lo que les llevaría perderse y encontrarse varias veces en los laberintos de cemento. Consiguieron llegar justo a la hora del primer show.
La cafetería del Barón Samedí estaba adornada con Signos Mágicos. Para acceder a la puerta había que atravesar un círculo de piedras y pasar junto a un chivo ahorcado y dos pollos negros atados por las patas y colgados cabeza abajo. Por supuesto, los animales eran de plástico.
Adentro faltaba la clásica alfombra que decoraba todos los locales. El piso estaba desnudo para que las camareras pudieran servir deslizándose sobre patines. Al fondo había un escenario pequeño con amplificadores a los costados. Un olor raro, difícil de reconocer, flotaba por encima de esa mezcla de aromas (básicamente plástico y desodorantes) que los Ramos llamaban "olor a Estados Unidos". Como en Disneyworld, había turistas de todas partes del mundo, sobre todo familias con chicos.
Apenas tuvieron tiempo de sentarse cuando se descorrió el telón y un hombre negro, alto, de traje, con anteojos obscuros, se adelantó hacia el micrófono. Tenía un aspecto peligroso y antipático. Empezó a recitar en un inglés raro, con palabras en otros idiomas, muy distinto del idioma prolijo y sin sorpresas que Miss Carola les enseñaba a los chicos en el colegio.
Soy el Barón Samedí,
el Barón La Muerte, el Barón La Cruz
