
Buda convierte la respiración en el fundamento. Una respiración profunda, relajada; ser consciente de ella te proporciona un enorme silencio y relajación, poco a poco, te fundes, te disuelves y desapareces. Ya no eres una isla separada sino que empiezas a vibrar con el todo. Dejas de ser una nota suelta y pasas a formar parte de toda esta sinfonía. Surge la compasión.
La compasión solo surge cuando puedes ver que todo el mundo está relacionado contigo. La compasión solo surge cuando tú formas parte del mundo y el mundo forma parte de ti. Nadie está separado. Cuando desaparece la ilusión de la separación, surge la compasión. La compasión no es una técnica.
En la experiencia humana, la relación entre una madre y su hijo es lo más parecido a la compasión. La gente lo llama amor, pero no debería llamarse amor. Es más compasión que amor, porque no hay pasión. El amor de una madre por su hijo es lo más parecido a la compasión. ¿Por qué? Porque la madre ha sentido al niño cuando estaba dentro de ella, y aunque el niño haya nacido y siga creciendo, la madre sigue estando sutilmente acompasada con su hijo. Si el niño está enfermo la madre se dará cuenta aunque esté a muchos kilómetros de distancia. Quizá no sepa qué ha ocurrido, pero empezará a sentirse deprimida: quizá no sepa que su hijo está sufriendo, pero ella empezará a sufrir. Intentará racionalizar por qué está sufriendo -su estómago no está bien, le duele!a cabeza o cualquier otra cosa- pero actualmente, la psicología profunda dice que la madre y el hijo permanecen unidos con ondas de energía sutil porque siguen vibrando en la misma longitud de onda.
