A fin de romper el silencio que había caído sobre ellas, Carolyn preguntó:

– ¿Qué disfraz os vais a poner?

– Se supone que no debemos contarlo -declaró Emily mientras sacudía un dedo.

– Pero ¿entonces, cómo nos encontraremos entre la multitud? -preguntó Julianne-. Yo necesito saber a quién buscar en caso de que consiga deshacerme de mi madre.

– Matthew y yo iremos disfrazados de Romeo y Julieta -declaró Sarah-, aunque, en nuestra versión de la historia, evidentemente, ninguno de nosotros muere, pues nosotros somos más viejos que aquellos amantes adolescentes. Además, no soporto los finales tristes.

Emily suspiró.

– Yo seré la trágica Ofelia. Quería ir disfrazada de Cleopatra, pero mi madre me ha dicho que sería un escándalo. -Sonrió ampliamente-. Quizá debería ir disfrazada de la Dama Anónima.

– Sí-contestó Carolyn-. Y como disfraz podrías llevar la falda doblada hasta la cintura y un ejemplar de las Memorias.

Todas se echaron a reír.

– Yo iré vestida de ángel -declaró Julianne.

– Muy apropiado -contestó Carolyn.

– Y aburrido -añadió Julianne con un suspiro-. Pero mi madre ha insistido.

– ¡Espera a ver el disfraz de Carolyn! -declaró Sarah con entusiasmo-. Yo la he ayudado a elegirlo.

Carolyn simuló fruncir el ceño en dirección a su hermana.

– Di mejor que lo encargaste, hiciste que me lo trajeran a casa y me ordenaste que me lo pusiera en la fiesta. -Miró a sus otras dos amigas-. Desde que se casó, se ha vuelto muy mandona y dominante.

– A mi marido le gusta que sea así-respondió Sarah en tono cortante-. Si no te hubiera ayudado, te habrías disfrazado de pastora.

– Es muy probable -accedió Carolyn-. Lo que es seguro es que no habría elegido el disfraz de Galatea.



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