– Lo invitan a todas partes porque es escandalosamente rico -intervino Julianne-. Seguro que le gustaría casarse con la hija de un lord para poder entrar en la sociedad. Y con la enorme riqueza que posee, seguro que lo consigue. -Le dio a Emily un codazo para provocarla-. Será mejor que tengas cuidado no vaya a ser que te eche el ojo a ti.

– Será mejor que no lo haga… si no quiere perderlo. Aunque es posible que lance sus redes en tu dirección.

– Perdería el tiempo, pues mi padre nunca permitiría que me casara con alguien que no fuera de la aristocracia, por muy rico que fuera. Y no hay suficientes sales en el reino para que mi madre siquiera tenga en cuenta esa posibilidad.

Carolyn no dudó ni por un momento de que la suposición de Julianne fuera cierta. Su madre, la imponente condesa Gatesbourne, era muy autoritaria en todo lo relacionado con su única hija. Hasta el punto de que, a su lado, las otras madres autoritarias parecían unos gatitos domesticados. La madre de Julianne estaba decidida a que su hija realizara un matrimonio brillante. Sólo por su deslumbrante aspecto, Julianne podía atraer a cualquier hombre, pero combinado con su carácter dulce y la extensa riqueza familiar, Julianne era una de las jóvenes más cotizadas de la sociedad. Por desgracia, estaba aprisionada bajo el asfixiante peso del pulgar de su madre. Carolyn rogaba para que el temperamento amable y romántico de su amiga no se viera pisoteado por un lord mujeriego y hastiado de la vida, aunque conocía bien a los de esa especie y sabía que los hombres como Edward eran difíciles de encontrar.

Desvió la mirada hacia Emily y la compasión la invadió. Emily había confesado, recientemente, que su familia estaba sufriendo graves dificultades financieras debido, en parte, a la afición de su padre al juego. Emily temía que su padre estuviera planeando concertar un matrimonio para ella con algún viejo y decrépito lord que no tuviera nada a su favor salvo un montón de aquel dinero que tanto necesitaban. Carolyn deseaba con todas sus fuerzas que semejante destino no cayera sobre su vivaracha y alegre amiga.



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