– Me pides que te trate como una mujer -dijo él con su voz ronca-, pero eres sólo una niña y te trataré como a una niña. No me provoques hasta que seas lo bastante mayor para manejarlo.

Cathryn se dio la vuelta y voló escaleras abajo en busca de Mónica, sus mejillas estaban todavía mojadas por las lágrimas cuando gritó que tenía que despedirlo, ahora.

Mónica se rió en su cara.

– No seas tonta, Cathryn -dijo bruscamente-. Necesitamos a Rule… necesito a Rule.

Detrás de ella, Cathryn oyó a Rule riendo quedamente y sintió como su mano acariciaba su pelo rojo caoba.

– Tranquilízate, gata montesa; no puedes deshacerte de mí tan fácilmente.

Cathryn había apartado la cabeza violentamente para evitar su caricia, pero él había tenido razón. No había podido despedirle. Diez años más tarde todavía controlaba el rancho y fue ella la que se había marchado, escapando de su propia casa aterrorizada de que él la redujera hasta la posición de tener que suplicar, sin más voluntad que la de los caballos a los que tan fácilmente amaestraba.

– ¿Estás dormida? -preguntó él ahora, trayéndola al presente. Cathryn abrió los ojos.

– No.

– Entonces habla conmigo -pidió. Aunque no lo miraba, podía visualizar su boca sensualmente formada, moviéndose cuando dijo las palabras. Nunca había olvidado nada de él, de la forma lenta en que hablaba con aquel tono oscuro y ligeramente ronco de su voz, como si sus cuerdas vocales estuvieran oxidadas por falta de uso. La miró rápidamente-. Háblame de tu marido.

Cathryn se asustó, abriendo mucho sus ojos oscuros.

– Lo viste varias veces. ¿Qué quieres saber sobre David?

– Muchas cosas -murmuró ligeramente-. Como por ejemplo si te preguntó por qué no eras virgen cuando te casaste con él.

Cathryn amargada y furiosa, contuvo las palabras que le vinieron a los labios. ¿Qué podía decir que no fuera a usar contra ella? ¿Que no era de su incumbencia? Entonces él contestaría que era más de su incumbencia que de cualquier otro hombre, considerando que él había sido el responsable de la pérdida de su virginidad.



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