
– No me escapé -negó ella-. Fui a la universidad, lo que es completamente diferente.
– Y viniste de visita a casa tan poco como pudiste -comentó sarcásticamente con rudeza-. ¿Pensaste que te atacaría cada vez que te viera? Sabía que eras demasiado joven. Maldición, de todos modos no pensé que pasara y yo estaba malditamente seguro de que no iba a volver a pasar, al menos hasta que fueras más mayor y supieras un poco más sobre eso.
– ¡Yo sabía lo que era el sexo! -lo desafió, no queriendo que adivinara lo poco preparada que había estado para la realidad de ello, pero su esfuerzo fue inútil.
– Sabías lo que era, pero no como era -la verdad cruel y dura de sus palabras la hizo callar y después de un minuto, él continuó con gravedad-. No estabas lista para ello, ¿verdad?
Suspiró estremecedoramente, deseando haber fingido que estaba dormida. Rule parecía un semental en busca de sangre, cuando agarraba algo entre los dientes no había manera de que lo dejara.
– No -admitió ella sintiéndose desgraciada-. Especialmente no contigo.
Una dura sonrisa curvó su boca sombría.
– Y fui suave contigo. Te hubieras mojado tus delicadas braguitas si me hubiera dejado llevar del modo en que quería hacerlo.
La agonía serpenteó por su vientre, lo que hizo que la emprendiera contra él, esperando vanamente poderlo lastimar como la había lastimado a ella.
– ¡No lo deseaba! No…
– Lo deseabas -la interrumpió severamente-. Tenías el temperamento de una pelirroja y luchabas contra mí solo por el placer de la lucha, pero lo deseabas. No intentaste alejarte de mí. Arremetiste contra mí y trataste de hacerme daño de cualquier manera que pudieras, y en algún momento mientras recorrías ese camino, todo ese temperamento se convirtió en deseo y te envolviste a mi alrededor como una vid.
