
– Así es, Jason. Esa es nuestra única esperanza, Gamble comprende el dinero. El trato con CyberCom convertirá en enanos a todos los demás. -Rowe miró a Jason con admiración-. Después de este trabajo te espera un gran futuro.
– Eso es exactamente lo que pensaba.
Jason Archer subió al asiento del acompañante del Ford Explorer, y se inclinó a un costado para besar a su esposa. Sidney Archer era alta y rubia. Las facciones muy marcadas se habían suavizado después del nacimiento de su hija. Señaló con la cabeza hacia el asiento trasero. Jason sonrió mientras posaba la mirada en Amy, su hija de dos años que dormía en el sillín con el osito Winnie bien agarrado a su puño.
– Ha sido un día muy largo para ella -dijo Jason mientras se desabrochaba la corbata.
– Para todos -replicó Sidney-. Creía que trabajar a tiempo parcial en un bufete sería un chollo, pero ahora me parece que encajo una semana laboral de cincuenta horas en tres días. -Sacudió la cabeza en un gesto de cansancio y puso el coche en marcha. Detrás de ellos se alzaba el edificio que albergaba las oficinas centrales de Tritón Global, el empleador de su marido y líder tecnológico indiscutible en ramos que iban desde las redes informáticas mundiales al software educativo para niños, y casi todo lo que caía en el medio.
Jason sujetó una de las manos de su esposa y la apretó con ternura.
– Lo sé, Sid. Sé que es duro, pero quizá dentro de poco consiga algo que te permitirá dejar el trabajo de una vez por todas.
– ¿Has diseñado un programa para acertar los números de la lotería? -preguntó ella con una sonrisa.
– Quizás algo mejor aún. -Jason correspondió a la sonrisa de Sid.
– Vale, has conseguido despertar mi atención. ¿De qué se trata?
– Ni hablar. -Jason meneó la cabeza-. No hasta que no esté seguro.
