A Larry Kirshbaum, Maureen Egen y al resto del maravilloso equipo de Warner Books por su apoyo. Todos habéis colaborado tanto a cambiar mi vida, que me siento en la obligación de reconocerlo en cada novela, aunque sólo sea para demostrar mi más sincera gratitud.

Un agradecimiento muy especial a Francés Jalet-Miller, de la Aaron Priest Agency. Es una bendición tenerla como editora y amiga. Ha conseguido que Control total sea mucho mejor con sus comentarios tan atinados.

Capítulo 1

El apartamento era pequeño, poco acogedor, y predominaba un olor a moho que sugería un largo abandono. Sin embargo, los pocos muebles y las pertenencias personales estaban limpias y bien organizadas; algunas de las sillas y una pequeña mesa auxiliar eran valiosas antigüedades. El ocupante más llamativo de la minúscula sala de estar era una biblioteca de arce que bien podría haber estado en la Luna, porque parecía un objeto extraterrestre en este espacio modesto y sin pretensiones. La mayoría de los libros colocados en los estantes versaban sobre finanzas y trataban sobre temas como la política monetaria internacional o complejas teorías de inversión.

La única luz de la habitación la suministraba una lámpara de pie colocada junto a un sofá. El pequeño círculo luminoso delineaba la silueta del hombre alto y estrecho de hombros que estaba sentado allí, con los ojos cerrados como si estuviera dormido. El reloj de su muñeca marcaba las cuatro de la mañana. Las perneras del pantalón gris oscuro rozaban los zapatos negros con borlas impecablemente lustrados. Los tirantes verdes resaltaban sobre la pechera blanca almidonada. El cuello de la camisa estaba desabrochado y las puntas de la pajarita colgaban alrededor del cuello. La gran cabeza calva era como un segundo plano, porque lo primero que llamaba la atención era la espesa barba gris acero que enmarcaba el rostro ancho surcado por profundas arrugas. Sin embargo, cuando el hombre abrió bruscamente los ojos, todas las demás características físicas se convirtieron en secundarias; los ojos eran de color avellana, muy penetrantes; parecían ocupar todo el espacio de las órbitas mientras contemplaban la habitación.



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