El L800 efectuó un brusco giro hacia la izquierda y quedó en posición invertida, provocando un desastre en la cabina. En el interior del fuselaje, todos y cada uno de los seres humanos gritaban dominados por el terror mientras el avión se movía por el cielo como una hoja arrastrada por el viento, completamente fuera de control. Los pasajeros salieron despedidos de los asientos. Para la mayoría el corto viaje hasta el techo resultó mortal. Se escuchaban los alaridos de dolor cuando las pesadas maletas -vomitadas desde las bodegas, abiertas cuando las ondas de choque, provocadas por la presión del aire, hicieron saltar los mecanismos de cierre- chocaban contra la carne humana.

La anciana abrió la mano y el rosario cayó al suelo, que ahora era el techo del avión. La mujer mantenía los ojos bien abiertos, pero se veían tranquilos. Ella era una de las afortunadas. El infarto la había salvado de los próximos minutos de terror total.

Los aviones a reacción comerciales equipados con dos motores tienen la garantía de volar con un solo motor. Pero ningún avión puede volar con una sola ala. La capacidad de vuelo del aparato había desaparecido. El L800 entró en una barrena mortal.

En la cabina de mando, los pilotos luchaban con los controles mientras el avión averiado caía en picado entre las nubes como una lanza a través de un mar de espuma. Aunque no conocían las características específicas de la catástrofe, sabían muy bien que el aparato y los que estaban a bordo corrían un peligro mortal. Mientras intentaban frenéticamente recuperar el control de la aeronave, los dos pilotos rezaban en silencio para no colisionar con ningún otro avión en la caída. «¡Dios mío!» El capitán miró incrédulo cómo el altímetro continuaba una carrera imparable hacia el cero.



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