– Debería dejar que lo mecanografiases tú con dos dedos, así no serías tan…

– ¿Vas a darte por vencida?

– Para darme por vencida, se necesita algo más que tú, querido hermano. Está bien, mañana por la mañana tendrás a alguien. Pero es la última oportunidad que te doy. Si ésta también se va, te quedas sin nadie -Amanda Garland frunció el ceño al colgar; luego, se volvió a su secretaria-. ¿Qué voy a hacer con él, Beth?

– ¿Dejar de hacer de Celestina y enviarle al pobre una secretaria, competente? -sugirió ella con una sonrisa-. Aunque, desde luego, no sé de dónde vas a sacar a alguien que pueda taquigrafiar a la velocidad de la luz, te va a resultar aún más difícil que conseguir llevarle al altar otra vez. Ahora mismo no tenemos a nadie.

– ¿No recibimos un currículum el otro día de una chica de Newcastle? Según recuerdo, taquigrafiaba a una velocidad increíble.

– Mmmm. Jilly Prescott. Amanda, te recuerdo que dijiste que no tenía la apariencia física para ser una Garland Girl -la secretaria miró la foto adjunta al currículum vitae.

– Mi hermano no quiere volver a ver a una típica Garland Girl, se ha hartado.

Beth no parecía convencida.

– Ésta es muy joven, no va a durarle ni al almuerzo.

– Es posible -respondió Amanda Garland pensativa-. Pero también podría ocurrir lo contrario. Cree que a nuestras chicas les preocupa más su apariencia física que…

– Eso es porque te has empeñado en mandarle a las guapas y…

– Bueno, pues si le enviamos a Jilly Prescott, no va a poder quedarse de eso -Amanda contempló la fotografía de una joven de aspecto sumamente normal con una mata de cabello oscuro que podía llenar un colchón-. Quiere alguien con personalidad, con carácter. Las mujeres del norte tienen fama de tener carácter, ¿no?

– Si crees que se va a dejar amedrentar por alguien, Amanda, es que no conoces a tu hermano tan bien como crees.



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