Ese pensamiento la devolvió a Lucy, a preguntarse quién la estaría cuidando. ¿Un ama de llaves o una niñera quizás? ¿O volvía a una casa vacía después del colegio, mientras que su padre seguía trabajando?

Se dirigió al teléfono y marcó el número de información. Allí le dieron el teléfono de unos Estudios Fitzpatrick.

Se preguntó qué clase de estudios. ¿De cine?

El corazón le dio un salto. Eso podía encajar, había dado por hecho que Lucy había elegido a Brooke por madre porque era famosa. Pero si su padre hacía películas, la coincidencia era demasiado…

¿Pero qué clase de estudios de cine estarían en un pequeño pueblo de Sussex?

De todas formas, después de anotar el número, pensó que el padre de la niña tenía que saber lo que estaba pasando y ella no podía ignorarlo. Si Lucy estaba tan desesperada por amor que necesitaba a Brooke como madre de fantasía… ¿Pero y si no estaba fantaseando?

No importaba. Iba a tener que llamar. Pero después de desayunar, nadie podía afrontar algo como eso con el estómago vacío.

Poco después tomó el teléfono de nuevo. Sonó tres veces y ya pensaba que no iba a haber nadie, lo que la alivió.

– James Fitzpatrick -dijo una voz.

Una voz como el chocolate fundido. Como un chocolate oscuro y caro.

– No puedo atenderle ahora -continuó la voz-, pero si me deja un mensaje, me pondré en contacto con usted.

Bron todavía tenía el auricular en la mano cuando llamaron a la puerta insistentemente. A Fitz le había resultado imposible hablarle a Lucy de su madre. Se dijo a sí mismo que lo otro no sería tan difícil. Pero mientras salía de la casa, todavía no estaba nada seguro de estar haciendo lo correcto.



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