
¿Probablemente? ¿A quién estaba engañando? ¿Quién estaba interesado en une mujer cuya vida había estado dedicada a cuidar a una madre inválida?
Y su grupo de amigos se había marchado de la ciudad, así que su vida social se vio reducida a las visitas que recibía su madre, nadie de su edad.
Así que, como no sedujera al lechero en medio de la calle, no tenía la menor posibilidad de conocer a nadie.
Y el reflejo que vio en el espejo del recibidor le indicó que, hasta el lechero se lo pensaría dos veces. Tenía un aspecto horrible y, con el vestido que se había puesto para el funeral, la hacía parecer como si tuviera cuarenta años.
Luego miró el correo, que había dejado sobre la mesa esa mañana. Sobre todo, eran cartas de pésame. Pero entre ellas había una con letra infantil. Señorita B. Lawrence. The Lodge, Bath Road, Maybridge.
La abrió y la leyó. Luego frunció el ceño y se sentó en una de las sillas de la cocina para volver a leerla más lentamente.
Querida señorita Lawrence:
El viernes 18 de junio es el día del deporte en mi colegio y le escribo para que venga, si puede.
Cuando le dije a mi amiga Josie que era usted mi madre, ella no me creyó y ahora todas las niñas de mi clase dicen que me lo inventé…
En ese punto, la carta, tan formal, mostraba la señal de una lágrima. Se le hizo un nudo en la garganta y siguió leyendo.
Que me he inventado lo de tener una madre famosa y todo el mundo se ríe de mí. Incluso la señorita Graham, mi profesora principal, no me cree y eso no es justo porque yo siempre ando rompiendo cosas, pero nunca digo mentiras, así que, venga, por favor, para que todos sepan que estoy diciendo la verdad. Ya sé que está muy ocupada salvando la selva y a los animales, así que no quiero ser una molestia y, si viene, nunca más le pediré nada, se lo prometo.
