– Riagan, has vuelto -interrumpió Dylan con voz chillona-. Has demostrado ser un joven amable e inteligente, pero ha llegado el momento de que te conviertas en un hombre y te conviertas en rey. Dale las piedras a Comyna y ella te entregará todo lo que posee. Acéptalo. Te pertenece por derecho, pero debes gobernar como el Rey Ailfrid, con generosidad y compasión.

Aquella era la parte en la que su padre se embarcaba en una perorata sobre lo traidoras que eran las mujeres, que eran avariciosas y no se podía confiar en ellas, y sobre cómo se había arruinado la vida Ailfrid por enamorarse de Comyna y no ver su lado perverso. Pero Conor y Brendan solían saltarse esos incisos.

– Así que Riagan ocupó el trono y, durante su reinado, el reino floreció -continuó Brendan-. Mientras tanto, en una casita situada en el bosque, la codiciosa Comyna pasaba los días contando las piedras rosas, consciente de que el joven con el pico de oro la había engañado. ¿Te ha gustado? -añadió tras finalizar, haciéndole una caricia a Liam en el pelo.

– Mucho -murmuró Liam sonriente-. Ahora me siento mejor.

– ¿Qué te pasaba antes? -Conor frunció el ceño.

Liam notó que Sean estaba conteniendo la respiración y Brian le dio un codazo en el costado, rogándole en silencio que mantuviera la boca cerrada. Pero Conor era el único que podía protegerlos. Era el increíble Quinn y encontraría la forma de impedir que los dragones atacaran su casa.

– No hemos ido al colegio esta mañana – contestó Liam-. Y ha venido a visitarnos una trabajadora social.

Capítulo 1

Liam Quinn sintió un cosquilleo en la nariz al entrar en el desván, húmedo, polvoriento. Olía a madera vieja y las tablas del suelo crujían bajo sus pies. Un sofá ruinoso ocupaba una esquina y en la pared opuesta vio una pequeña chimenea, probablemente usada por algún criado antiguo de la casa. Las primeras tres plantas del edificio estaban en pleno proceso de reforma, convertidas en apartamentos, como había sucedido en tantos otros edificios de aquel viejo barrio de Boston. Pero el desván del ático conservaba huellas de un pasado diferente, de cuando las familias de inmigrantes irlandeses habían sustituido a los primeros habitantes del barrio.



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