Lawrence Block


Cuando el antro sagrado cierra

Matt Scudder, 6

Para Kenneth Reichel

Y así hemos tenido otra noche

De poesía y poses

Y cada hombre sabe que estará solo

Cuando cierre el antro sagrado.

– Dave van Ronk


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Las ventanas del Morrissey's estaban tintadas. La explosión fue lo suficientemente fuerte y se produjo lo suficientemente cerca como para hacerlas vibrar. Hizo que las conversaciones se cortaran a media frase, petrificó a un camarero que avanzaba con paso enérgico y lo convirtió en una estatua con una bandeja de bebidas sobre su hombro y un pie en el aire. El gran bullicio se desvaneció como el polvo y por un largo momento la sala se quedó en absoluto silencio, como si estuviera mostrando sus respetos.

Alguien dijo: «Por Dios santo» y mucha gente soltó la respiración que había estado conteniendo. En nuestra mesa, Bobby Ruslander sacó un cigarrillo y dijo:

– Ha sonado igual que una bomba.

Skip Devoe dijo:

– Ha sido un petardo.

– ¿Eso es todo?

– Es suficiente. Pon la misma cantidad de explosivo, cúbrelo de metal, en lugar de papel, y ya tienes un arma en vez de un juguete. Enciende uno de esos y, como te olvides de apartarte a tiempo, ya puedes ir aprendiendo a desenvolverte solo con una mano.

– Pues ha sonado como si fuera algo más que un petardo -insistió Bobby-. Como si fuera dinamita o una granada o algo así. ¡Joder! Ha sonado como si estuviéramos en la tercera guerra mundial.

– Aquí mi amigo, el actor -dijo Skip afectuosamente-. ¿No os encanta este tío? Sobreviviendo en las trincheras, precipitándose por colinas azotadas por el viento, caminando con dificultad por el fango. Bobby Ruslander, veterano marcado por la batalla en miles de campañas.



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