
– Sí. Supongo que se corría el riesgo de que las balas rebotaran.
– ¿Por qué dices eso?
Él me miró, sorprendido por el tono de mi voz.
– Pues por las paredes de ladrillo, supongo. Incluso cuando disparó al techo de zinc, pudieron haber rebotado las balas, ¿no?
– Supongo -dije. Un taxi con la luz que indicaba que estaba fuera de servicio pasó por delante de nosotros con un pasajero en el asiento del copiloto-. Esté o no de servicio, un poli no haría nada de eso en una situación así, a menos que otro empezara el tiroteo. Había dos que seguro que estaban preparados, con las pistolas agarradas. Si ese tío hubiera disparado a Tim Pat, probablemente se habría marchado intentando esquivar las balas. Eso, contando con que ninguno hubiera acertado y lo hubiera dado.
– Y contando con que hubieran estado lo suficientemente sobrios como para ver con claridad -añadió Skip.
– Claro -dijo Tommy-. Matt, ¿no evitaste tú un atraco en un bar hace un par de años? Alguien estaba contándolo.
– Aquello fue un poco diferente -dije-. Ya habían matado al barman de un disparo antes de que yo actuase. Y yo no disparé dentro del bar, salí corriendo tras ellos.
Me quedé pensando en ello y me perdí lo que siguió en la conversación. Cuando volví de mi momento de ausencia, Tommy estaba diciendo que estaba seguro de que en aquel momento lo iban a atracar a él.
– Había mucha gente hoy en ese bar -dijo-. Trabajadores del turno de noche, gente que acababa de cerrar sus locales y que llevaba dinero encima. ¿No pensasteis que iban a pasarnos la gorra?
– Supongo que llevaban prisa.
– Yo solo llevaba encima unos cien, pero preferiría no tener que dárselos a un tío con un pañuelo en la cara. Te quedas tan aliviado después de que no te hayan robado a ti que no te importa que te pasen el tarro para eso de… ¿cómo era?… ¿Norad? Les he dado veinte dólares a las viudas y a los huérfanos sin pensármelo dos veces.
