
La mujer que estaba con él era baja y delgada, con el pelo castaño claro con reflejos rojizos. Llevaba unos vaqueros desgastados y ajustados y una camisa rosa con las mangas enrolladas. Parecía estar muy cansada y algo borracha.
El dijo:
– ¿Eh, chicos, conocéis a Carolyn? Claro que sí.
Todos la saludamos y él añadió:
– Tengo el coche ahí aparcado. Hay sitio de sobra para todos. Os llevo.
– Hace una mañana agradable -dijo Billie-. Creo que prefiero caminar, Tommy.
– ¿Sí?
– Así nos despejamos y se nos pasa un poco la borrachera -dijo Skip-. Ya vale por hoy, nos vamos a la cama.
– ¿Estáis seguros? No tengo ningún problema en llevaros a casa.
Y de eso estábamos seguros.
– Bueno, de todos modos, ¿os importa acompañarnos al coche? Lo de antes nos ha puesto un poco nerviosos.
– Claro, Tom.
– Qué mañana tan agradable, ¿verdad? Hoy va a hacer calor, pero ahora mismo es perfecta. Creí que iba a disparar a ese tal Tim Pat. ¿Os fijasteis en su cara?
– Hubo un momento -dijo Billie- en el que podría haber pasado cualquier cosa.
– Yo pensaba que iba a haber un tiroteo. Hasta estaba buscando a ver debajo de qué mesa me podía esconder. ¡Qué mierda de mesas! Son enanas. No hay mucho para ponerte a cubierto.
– No.
– Y yo con lo grande que soy sería una diana fácil. ¿Qué estás fumando, Skip? ¿Camel? Déjame que pruebe uno, si no te importa. Yo fumo cigarrillos con filtro y a estas horas ya no me saben a nada. Gracias. ¿Estaba yo imaginándomelo o había una pareja de polis en el bar?
– Había algunos.
– Tienen que llevar arma estén o no de servicio, ¿no?
Me había preguntado a mí y le respondí que había una normativa que lo marcaba.
– ¿Crees que alguno habría intentado hacer algo?
– ¿Te refieres a haber disparado a los atracadores?
– Algo de eso.
– Disparando en un sitio tan abarrotado, lo único que se consigue es que mucha gente acabe muerta.
