– Por supuesto, el Gobierno municipal apoya el proyecto. Cuando se construya Nuevo Mundo no sólo mejorará la imagen de nuestra estupenda ciudad, sino que también proporcionará enormes ingresos -Gu encendió un cigarrillo antes de continuar-. Está bien, te contaré un secreto. Solicité el terreno con la finalidad de construir un espacio para la conservación cultural. Después de todo, el estilo arquitectónico shikumen es una parte integral de la historia de Shanghai. Podríamos incluir en el concepto uno o dos museos. Una idea es construir un museo de monedas antiguas; ya he contactado con alguien a propósito de esto. Pero la mayoría de las casas shikumen serán destinadas a usos comerciales. Locales con artículos de lujo y de gama alta.

– ¿Como los de Roma?

– Exacto. En la propuesta que presenté al Gobierno municipal no insistí acerca de estos detalles, ya que entonces el terreno se habría encarecido. Desde otro punto de vista, sin embargo, se puede decir que realmente es por la conservación de la cultura de Shanghai.

– Es cierto -repuso Chen-. Existen muchos puntos de vista, y tú puedes elegir el que más te guste.

– El Gobierno municipal ha aprobado el plan. El próximo paso es conseguir préstamos de bancos inversores extranjeros. Grandes préstamos. Es una apuesta ambiciosa, lo admito, pero yo creo en ella. La entrada de China en la Organización Mundial del Comercio abrirá sus puertas aún más si cabe. Nadie pueda dar marcha atrás. Varias empresas americanas de capital-riesgo están interesadas en el proyecto Nuevo Mundo, pero ninguna de ellas sabe nada sobre la cultura de Shanghai. Por eso quiero ofrecerles una propuesta de negocios detallada, de cincuenta páginas en inglés. Todo depende de la traducción. Sólo tú estás a la altura de esta tarea, inspector jefe Chen.

– Gracias, director general Gu.



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