Sean no pudo evitar reírse del final.

– No tiene sentido. Si Ronan era tan listo, ¿por qué no se volvió directamente a casa con las tres bellotas y pidió tres deseos que de verdad necesitara? ¿Y para qué va a querer una princesa bellotas mágicas si ya tiene una corona de esmeraldas? Y si ella ya tenía dos bellotas y Ronan sólo una, podía haber…

– Cállate ya -Brian le dio un empujón en el hombro-. No es más que una historia. ¿O es que crees que existen bellotas mágicas?

– A mí me ha gustado -dijo Liam con satisfacción-. Y he entendido la moraleja: no te fíes nunca de las mujeres, por muy bonitas que sean. Los Increíbles Quinn no deben enamorarse… Ah, y no seas demasiado codicioso cuando alguien te ofrezca algo -añadió justo antes de echar a correr, gritándole a Conor que estaba hambriento.

Brian se puso de pie. Sean lo siguió. Se sentía un poco mejor. A la porra con Colleen Kiley. Que la zurcieran. Además, en realidad no era tan guapa. Se ponía mucho maquillaje y se reía como una hiena.

– Una última cosa -dijo Brian mientras salían de la habitación.

– Si me vas a preguntar si voy a pedirle a Colleen Kiley que vaya al baile conmigo, ya te puedes ir despidiendo de tus dientes.

Brian soltó una carcajada y sacó del bolsillo tres bellotas.

– He pensado que te podían venir bien.

– ¿Para qué?

– No sé, podrías convertir a Colleen Kiley en una rana. O en un escarabajo -Brian sacó otras tres bellotas. Y si con tres no tienes bastantes, utilizaré las mías. Los Quinn tenemos que estar unidos -añadió, pasando un brazo sobre el hombro de su hermano.



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