– Oh, no. La empresa, puede ser. Será hija de alguna multinacional. Los compañeros, si. De esos lugares con nombres graciosos. A mi siempre me hicieron gracia y a veces repito los nombres burlándome pero ellos no se molestan y me devuelven la pelota: Oklahoma City, Idaho.

– Comprendo y estoy de acuerdo. Pero me callo. Además, no tengo con quien hablar. No olvide que Santamaría es hoy casi una colonia de la colonia de suizos alemanes. Llegaron con el Génesis.

Entonces irrumpió la mujer otra vez, flaca y alta, retorcida por carcajadas de origen secreto, manejando una bandeja con una botella virgen y dos vasos. Dejo la bandeja sobre el escritorio sin escándalo, con un deslizamiento, una suavidad deliberada e insolente. Se ausento una vez mas. El medico destapo la botella y sirvió, abundante, los dos vasos y dijo:

– Ya se que usted lo prefiere así. Seco, como dicen por acá. Lo he visto en el Chamame. Usted cae por allí con frecuencia cada mes para cobrar el cheque de la ruina que llaman correos a la otra que llaman banco. Es como una menstruación regular, sin susto, sin atrasos. Y en el Chamame, puntual-mente levanta una puta. Una vez cada veintiocho días. Usted es joven y fuerte. Con perdón, me parece poco.

– No solo el giro, no solo putas. Llegan diarios, revistas, discos.

Vio que mi vaso estaba vació y manoteo la botella para llenarlo y ofrecer. Luego me miro curioso y contenido, calculando cuantas medidas serian necesarias para que yo cruzara el limite feliz o re-pugnante de mi borrachera personal y exclusiva.

– Sírvase usted mismo. Es tan gratis para mi como para usted.

– Gracias.

Ahora no espere invitación para llenar mi vaso. El sabor se confirmo cuando espié la etiqueta; si, Escocia y doce anos. Este trago me hizo mas triste, mas vulnerable al asalto de recuerdos confusos y añosos.

– Y ustedes arriba, no almorzando un asado, que sería grosero. Ustedes comen barbacoa.

– No, doctor, no es así. Comemos lo que a la negra Eufrasia se le ocurra. Muchos días nos toco locro, y no por ahorrar; cobramos en dólares no se si ya le dije. En el fondo, la verdad es que tenemos miedo de que se nos vaya. La parturienta, digo.



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