
– Eso es lo que dijo Paul.
– Entonces, deberías prestar más atención. -Jane vio a Paul parado en la acera y le preguntó-. ¿Dónde tiene aparcado el coche?
– En el callejón, a la vuelta de la esquina. Cuando llegamos, estaban ocupadas todas las plazas de aparcamiento. ¿Necesitas ayuda con él?
– No, si es capaz de caminar -dijo Jane con gravedad-. Espero que le quitaras las llaves del coche.
– ¿Qué clase de amigo sería si no lo hiciera? -Se metió la mano en el bolsillo y le entregó las llaves-. ¿Quieres que lleve tu coche de vuelta a la facultad?
Jane asintió con la cabeza, sacó las llaves del bolso y se las entregó.
– Está dos manzanas más allá. Un Toyota Corolla marrón.
– Se buscó dos trabajos y se lo compró ella. -Mike meneó la cabeza-. La maravillosa y genial Jane. Es la estrella. ¿No te lo he contado, Paul? Todo el mundo está orgulloso de Jane…
– Vamos. -Ella lo agarró del brazo-. Ya te mostraré lo maravillosa que soy. Tendrás suerte si no te noqueo antes de que lleguemos a la residencia. Nos vemos allí, Paul.
– De acuerdo. -Paul giró en redondo y se alejó por la calle.
– La maravillosa Jane…
– Cállate. No voy a permitir que me culpes a mí de tu falta de determinación. Te ayudaré, pero tú eres el responsable de tu vida, como yo lo soy de la mía.
– Eso ya lo sé.
– Ahora mismo no sabes nada de nada. Escucha, Mike, los dos nos criamos en la calle, pero tuvimos suerte. Se nos ha dado la oportunidad de levantarnos.
– No soy lo bastante inteligente. Paul tiene razón…
– Estás hecho un auténtico lío. -El callejón se abría poco más adelante. Cerró la mano con fuerza sobre la llave para pulsar el botón de apertura y empujó a Mike hacia su Saturn-. Ni siquiera eres capaz de recordar lo que…
Una sombra. Saltando hacia delante. Los brazos levantados.
Empujó instintivamente a Mike hacia un lado y se agachó.
