Escuchada esta historia, los dos reyes regresan a su palacio espantados de la maldad femenina (pero no parece espantarles lo más mínimo que él haya raptado, violado y secuestrado a la chica), y el rey Shahriar, loco de dolor, decide acostarse cada noche con una doncella virgen y mandarla matar todas las mañanas, para evitar de este modo tajante que vuelvan a engañarle y, por añadidura, para vengarse de las hembras. Hasta aquí, el relato de la infidelidad con toda su carga de elementos míticos, desde la promiscuidad legendaria de las mujeres (quinientos setenta anillos son muchos anillos) a la motivación de la muchacha. Porque la chica no hace el amor con cientos de hombres llevada por el deseo de gozar, sino por el afán de vengarse del genio. Quizás en este relato elemental subyace el barrunto inconsciente, por parte de los hombres, del maltrato machista al que someten a las mujeres (a fin de cuentas, también el efrit fue malo con la joven), y el temor a que ellas se venguen en lo que más les duele: en esa intimidad emocional en la que se sienten tan indefensos.

Pero existen muchas otras maneras de narrar una infidelidad, y muchas otras historias que contar. De hecho, la bella e inteligente Shahrazad, hija del visir, le contará tantísimas historias apasionantes al rey Shahriar que éste le irá perdonando la vida durante mil una noches, y al cabo de ese tiempo el antiguo rey asesino descubrirá que ha tenido tres hijos con Sharazad, que la ama tiernamente, y, lo que es más importante, que ya no odia (ya no teme) a las mujeres. Dentro de las muchísimas interpretaciones que pueden extraerse de Las mil y una noches, podría caber la de considerar este cuento–marco como una parábola de la maduración sexual del hombre.



3 из 199