
Era media tarde y el día estaba siendo muy caluroso. Junio generalmente descargaba torrentes de lluvia, y se burlaba así de las esperanzas de verano que cualquiera pudiese alentar. Pero este año el tiempo parecía anticipar algo diferente. Los días soleados en un cielo sin nubes prometían un julio y un agosto durante los cuales la tierra se cocería, y los extensos prados en el interior del Perambulation se tornarían marrones, lo que obligaría a los ponis del New Forest a adentrarse en los bosques en busca de forraje.
Estaba en lo alto del andamio y se preparaba para subir a la parte superior del tejado donde había comenzado a colocar la paja. La paja, al ser mucho más flexible y manejable que los carrizos que formaban parte del resto de los materiales, podía doblarse para crear el reborde. Algunos consideraban aquel dibujo festoneado y entrecruzado con palos de una manera decorativa el «detalle bonito» en una techumbre de paja. Para él era exactamente lo que era: el elemento que protegía la capa superior de carrizos de las inclemencias del tiempo y el daño de las aves.
Había llegado casi al final. Se estaba impacientando. Llevaban trabajando tres meses en ese enorme proyecto y había prometido empezar otro al cabo de dos semanas. Aún había que completar el acabado y no podía dejar esa parte del trabajo en manos de su aprendiz. Cliff Coward aún no estaba preparado para usar las herramientas adecuadas en el tejado de paja. Ese trabajo era fundamental para el aspecto general del techo y exigía habilidad y un ojo correctamente entrenado. Pero no se podía confiar en Cliff para que realizara un trabajo de este nivel cuando, hasta el momento, no había conseguido concentrarse en las tareas más sencillas, como la que se suponía que debía estar cumpliendo ahora, que era llevar otros dos fardos de paja hasta allí arriba, como le había indicado. ¿Y por qué no había llevado a cabo todavía esta tarea tan sencilla?
