Gordon, sin embargo, no estaba de humor para mostrarse amable. Estaba irritado y necesitaba paz y tranquilidad. No tenía tiempo para turistas.

– Intenta llegar a Monet's Pond -gritó Cliff desde abajo.

– Y yo intento colocar un puto reborde en este techo -respondió Gordon, aunque su voz apenas era audible. Hizo un gesto hacia el noroeste-. Hay un sendero junto a la fuente. La fuente con ninfas y faunos. Al llegar allí debe girar a la izquierda. Usted cogió la derecha.

– ¿Sí? -contestó la mujer-. Bueno, eso es típico…, supongo.

Permaneció allí un momento, como si pensara que la conversación no había terminado. Llevaba gafas de sol y a Gordon se le ocurrió que el efecto general que producía la mujer era el de alguien famoso, tipo Marilyn Monroe, ya que sus curvas recordaban a esa actriz; no era como esas chicas delgadas como alfileres que uno solía ver. De hecho, al principio pensó que realmente podía tratarse de alguien famoso. Vestía como tal y se comportaba del modo apropiado: su expectativa de que cualquier hombre se mostraría más que dispuesto a dejar lo que estaba haciendo para conversar ansiosamente con ella lo demostraba.

– Ahora debería encontrar el camino sin problemas -le respondió brevemente.

– Ojalá eso fuese cierto -dijo ella. Luego añadió, en lo que a él le pareció un comentario un tanto ridículo-. No habrá ningún…, bueno, no habrá caballos allí, ¿verdad?

«¿Qué demonios…?», pensó Gordon. Entonces la mujer añadió:

– Es sólo que… les tengo bastante miedo a los caballos.

– Los ponis no le harán daño -contestó él-. Se mantendrán a distancia, a menos que intente darles algo de comer.

– Oh, yo nunca haría eso. -Aguardó un momento, como si esperase que Gordon dijese algo más, algo que él no tenía ninguna intención de hacer. Finalmente, añadió-: Gracias, de todos modos.

Y eso fue todo por su parte.

La mujer se alejó en la dirección que Gordon le había indicado y, mientras caminaba, se quitó el sombrero y lo hizo balancear sosteniéndolo con las puntas de los dedos.



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