
– Quiero decir que Sway está muy cerca de aquí y en el pueblo no hay ningún pub. Todo el mundo utiliza el bar del hotel. Puede acompañarme hasta allí y tomar algo conmigo.
La expresión de ella se suavizó.
– Creo que es usted un hombre realmente encantador.
– Oh, no creo que eso sea verdad.
– Lo es, de veras.
Echaron a andar. Tess caminaba delante de ellos y entonces, en un acto prodigioso que Gordon no olvidaría fácilmente, la perra esperó en el límite del bosque donde el sendero comenzaba a descender por la ladera de la colina en dirección al cenagal. Vio que Tess estaba esperando a que le sujetara la correa al collar. Ése fue el primer indicio. No era un hombre que buscase señales, pero ésta parecía indicarle lo que debía hacer a continuación.
Cuando llegaron a donde estaba Tess, él ajustó la correa en el collar y se la dio a Gina al tiempo que le preguntaba:
– ¿Qué quiso decir con ninguna relación? -Ella juntó las cejas. Gordon continuó-: Ninguna relación. Eso fue lo que añadió cuando me dijo su nombre.
Otra vez esa expresión. Era suavidad y algo más, y hacía que se mostrase cauteloso, aunque deseaba acercarse a ella.
– Charles Dickens -dijo Gina-. El escritor. No tengo ningún parentesco con él.
– Oh -dijo él-. Yo no… No leo mucho.
– ¿No? -preguntó ella mientras descendían por la ladera de la colina. Enlazó la mano a través del brazo de Gordon mientras Tess los guiaba-. Me temo que tendremos que hacer algo al respecto.
Julio
Capítulo 1
Cuando Meredith Powell se despertó y vio la fecha en el despertador digital, tomó conciencia de cuatro hechos en cuestión de segundos: ese día cumplía veintiséis años; era su día libre; era el día para el que su madre había sugerido un programa de abuela-arruina-la-aventura-de-su-única-nieta; y era la oportunidad perfecta para disculparse con su mejor y más antigua amiga por una pelea que les había impedido ser las mejores y más viejas amigas durante casi un año.
