
Algunos indicios sugieren que Michael perpetuó este abuso con sus hermanos más pequeños. De hecho, a partir de la información recogida, en una ocasión en la que cuatro de los chicos fueron puestos bajo la custodia del estado, a Michael se le asignó la responsabilidad de procurar que su hermano Stevie no «mojara la cama». Al carecer de recursos para saber cómo llevar a cabo esta tarea, Michael al parecer propinaba palizas de forma regular al crío de siete años, quien, a su vez, descargaba su ira en sus hermanos más pequeños.
No se sabe si Michael maltrató a alguno de sus hermanos más pequeños aquella mañana. Él sólo dice que, una vez que la Policía llegó a la casa, salió de la cama, se vistió con el uniforme del colegio y bajó a la cocina con la intención de desayunar. Sabía que era su cumpleaños, pero no esperaba que nadie se acordase de ello. «No me importaba, ¿de acuerdo?»; explicó a la Policía.
El desayuno consistía en cereales azucarados y bollos rellenos de mermelada. No había leche para añadir a los cereales -Michael señaló esta circunstancia en dos ocasiones durante las primeras entrevistas-, de modo que los comió solos, sin nada, y dejó la mayor parte de los bollos para sus hermanos pequeños. Guardó uno en el bolsillo de su anorak color mostaza (tanto el bollo relleno como el anorak se convirtieron en elementos cruciales a medida que avanzaba la investigación) y se marchó de la casa a través del jardín trasero.
Michael dijo que su intención era dirigirse directamente al colegio y, en el curso de su primera entrevista con la Policía, afirma que así fue.
