Cuando los chicos se negaron a abandonar el lugar con la rapidez que deseaba, el señor Gupta cogió de debajo de la caja registradora una botella con rociador en la que guardaba lejía, la única arma que tenía para defenderse o para estimular la cooperación de los chicos. La reacción de éstos, según declaró Ian Barker con un considerable grado de orgullo, fue echarse a reír. A continuación se apropiaron de cinco bolsas de patatas fritas (una de las cuales fue encontrada más tarde en una obra en construcción de Dawkins); tal acción obligó al señor Gupta a cumplir con su amenaza. Roció a los chicos con la lejía: alcanzó a Ian Barker en la mejilla y el ojo; a Reggie Arnold, en los pantalones; y a Michael Spargo, en los pantalones y el anorak.

Aunque tanto Michael como Reggie comprendieron de inmediato que sus pantalones del colegio estaban arruinados, su reacción ante el ataque del señor Gupta contra ellos no fue, aparentemente, tan feroz como la de Ian. «Quería coger a ese paki», declaró Reggie Arnold al ser interrogado por la Policía. «Se puso como loco. Quería destrozar el quiosco, pero yo le detuve, sí señor», una afirmación no ratificada por ninguno de los actos posteriores.

Es probable, no obstante, que Ian estuviese dolorido por la lejía, y, como carecía de cualquier respuesta al dolor que fuese socialmente aceptable (no parece probable que los chicos buscasen unos lavabos públicos donde poder lavar la lejía del rostro de Ian), reaccionara culpando a Reggie y Michael de su situación.

Quizá como una forma de desviar la ira de Ian y evitar al mismo tiempo una paliza, Reggie señaló hacia Jones-Carver, la tienda de animales y de artículos para mascotas, en cuyo escaparate tres gatitos persas jugaban sobre unas plataformas cubiertas de moqueta. El relato de Reggie se vuelve confuso en este punto, cuando la Policía le preguntó qué fue lo que le atrajo hacia los gatitos.



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