
– ¿Y qué va a pasar con tu vida, Kelsa?
– ¿Mi vida? Ah, supongo que seguiré trabajando en Coopers y… -empezó a decir Kelsa con una sonrisa, pero Vonnie, con la expresión seria, la interrumpió.
– Estás desperdiciando tu vida ahí -declaró categóricamente, siendo empleada de la misma compañía y consciente de que no se aprovechaban bastante las capacidades de su amiga-. Y de hecho, estás desperdiciando tu vida en Drifton Edge también.
– ¡Pero siempre he vivido en Drifton Edge! -protestó Kelsa.
– ¡Precisamente!-respondió Vonnie.
– Ah, yo estoy bien -Kelsa se encogió de hombros. Ahora no era el momento de confesarle a su amiga que de un tiempo para acá, se sentía inquieta, con una necesidad que la invadía de vez en cuando, de hacer algo diferente a lo que hacía.
– Me preocupas -dijo Vonnie.
– ¡Por amor de Dios! -exclamó Kelsa, intentando bromear-. La única persona que debe preocuparte ahora es tu marido -pero en lugar de que su amiga olvidara el tema al recordarle a su flamante marido, Kelsa notó que no podía desviar a Vonnie de su propósito; pues, en lugar de que su semblante se tornara sonriente, permaneció tan grave, que Kelsa tuvo que ceder-. Está bien, buscaré en el periódico mañana, para ver qué hay en los empleos.
– Mañana, no. Hazlo hoy -insistió Vonnie.
– Si eso te pondrá una sonrisa en el semblante, será hoy -prometió Kelsa y se fue a su casa, después de la boda, con esa sensación de inestabilidad nuevamente. Quizá Vonnie tenía razón y debería de pensar en encontrar un empleo más estimulante que el que tenía en Coopers. Era inteligente, ¿no?
De hecho, su maestra de aprovechamiento en la escuela insistió en que Kelsa solicitara su ingreso a una universidad… pero su madre, con sus estrictas ideas de cómo debía educar a su hija, estuvo absolutamente en contra de esa propuesta.
