
Más adelante, se dio cuenta de que no había ningún problema financiero en especial, sino que el deseo de sus padres de mantenerla en casa, sólo era una extensión de su actitud protectora, que incluía un fuerte énfasis en su ética moral, a tal grado, que se extendía a sus amigos y amigas. Kelsa no se sentía reprimida por la autoridad de sus padres, pues los amaba mucho y sabía que era correspondida.
Salió de su meditación, al introducir el coche al patio del taller. Pero, mientras esperaba al encargado, que estaba ocupado con otro cliente, empezó a recordar cómo fue que se trasladó de Herefordshire a Londres. Fiel a la promesa que le hizo a Vonnie, buscó en los anuncios clasificados del periódico y encontró varias vacantes de trabajo aceptables, pero le llamó la atención una en especial… donde solicitaban empleados en una sucursal del Grupo Hetherington, una enorme compañía multinacional. Una compañía de ese tamaño, advirtió Kelsa, debía tener una gran rotación de personal; ¿pero quería ella trabajar para ellos?
No le tomó mucho tiempo llegar a la conclusión de que en un lugar tan grande, seguramente existía algún puesto que ella pudiera calificar de “estimulante”. Sin pensarlo más, mandó la solicitud para el puesto en Hetheringtons en un pueblo cercano, y quedó asombrada de cómo funcionaban las grandes compañías, pues rápidamente le ofrecieron un trabajo… ¡en Londres!
– ¡Pero… pero yo vivo aquí! -exclamó en la entrevista, después de haber resumido sus circunstancias.
