
La luz invernal se colaba por la ventana del vestíbulo y se reflejaba en el espejo de la entrada. Sobre la mesa estaba el florero de color azul cobalto que no había albergado flores en su interior desde que Maggie se había ido.
De repente, el silencio de la casa cayó sobre ellos.
Los segundos pasaron y Justice se limitó a esperar. Sabía que Maggie llevaba fatal el silencio y se preguntó cuánto tiempo iba a tardar en hablar porque, de hecho, era una mujer muy conversadora.
¡Cuánto había echado de menos eso!
Había medio metro entre ellos y, aun así, Justice sentía la atracción. Se moría por tomarla entre sus brazos y saciar su sed, pero consiguió controlarse.
– ¿Dónde está la señora Carey? -le preguntó Maggie de repente.
– De vacaciones -contestó Justice.
Ojalá no hubiera sido así, pero era cierto que la señora Carey estaba en Jamaica.
– Qué suerte -comentó Maggie. -¿Te alegras de verme? -añadió ladeando la cabeza.
Más que alegre, Justice estaba perplejo. Al irse, Maggie le había jurado que jamás volvería a verla y así había sido… sin contar la cantidad de veces que había aparecido en sus sueños para atormentarlo.
– ¿Por qué has venido, Maggie? ¿Qué haces aquí?
– Buena pregunta -contestó dirigiéndose al salón.
Una vez allí, miró a su alrededor. Allí seguían las dos paredes cubiertas de libros, la enorme chimenea de piedra, las comodísimas butacas y los estupendos sofás que había comprado ella misma y que había dispuesto para crear una zona de estar y, por supuesto, los ventanales desde los que se veían los árboles centenarios y las interminables hectáreas del rancho.
– No has cambiado nada -comentó.
– No he tenido tiempo -mintió Justice.
– Ya -respondió Maggie girándose hacia él con furia en los ojos.
Justice sintió que el deseo se apoderaba de él con la fuerza de un rayo. Siempre le había sucedido así cuando Maggie se enfadaba. Siempre habían sido como aceite y agua, siempre independientes y paralelos. Nunca se habían mezclado realmente, nunca habían formado un todo y, tal vez, a eso se debiera parte de la atracción que había entre ellos.
