
– Ya basta -lo interrumpió Jefferson. -Todo eso ya me lo contó papá.
– Muy bien. Dejemos de hablar del rancho -cedió Justice, – pero quiero que contestes a una pregunta. ¿Quién te ha pedido que te inmiscuyas en mi vida y contrates a fisioterapeutas que yo no quiero contratar?
– Han sido Jesse y Jericho -contestó Jefferson sonriendo. -la señora Carey nos mantiene informados de la situación con los fisioterapeutas. Todos queremos que te pongas bien.
– ¿Y por qué eres el único que ha venido?
Jefferson se encogió de hombros.
– Jesse no quiere dejar a Bella sola en estos momentos. Cualquiera diría que es la única mujer embarazada del mundo.
Justice asintió y pensó en su hermano menor.
– ¿Sabes que me ha mandado un libro que se titula Cómo ser un buen tío?
– A Jericho y a mí nos ha mandado el mismo. Es curioso cómo ha pasado de ser un surfista sin raíces a convertirse en un padre de lo más casero.
Justice tragó saliva. Estaba muy contento por su hermano, pero no quería pensar en que Jesse pronto iba a ser padre, así que decidió cambiar de tema.
– ¿Y Jericho?
– Está de permiso -contestó Jefferson. -Si leyeras el correo electrónico de vez en cuando, lo sabrías. Pronto le asignaran otra misión, así que decidió irse a descansar unos días a México, al hotel del primo Rico.
Su hermano Jericho era militar de carrera y le encantaba aquella vida. Se le daba fenomenal su trabajo, pero a Justice le daba miedo porque le parecía peligroso. Lo cierto era que no había abierto sus correos electrónicos porque, desde el accidente, había estado de muy mal humor. Por supuesto, tendría que haber tenido presente que ninguno de sus hermanos lo iba a dejar en paz.
– Así que te ha tocado venir a ti -comentó.
– Exacto.
– Ojalá hubiera sido hijo único -murmuró Justice.
– Pídelo para la próxima reencarnación -contestó Jefferson sacándose una mano del bolsillo y consultando su reloj de oro.
