Lo que hizo fue tomar aire profundamente y echar la cabeza hacia atrás para, a continuación, comenzar a mover las caderas en busca del orgasmo que solamente él sabía darle.

Maggie oyó que se le comenzaba a entrecortar la respiración mientras Justice continuaba acariciándola. Sentía la musculatura de todo el cuerpo cada vez más tensa.

– Vamos, Maggie. Quiero verte -murmuró Justice.

Aunque hubiera querido privarlo de ese placer, no lo habría conseguido, así que Maggie se aferró a sus hombros con fuerza, sintió que la cabeza le comenzaba a dar vueltas y que el cuerpo le quemaba cada vez más a medida que se iba acercando al orgasmo.

Jamás había sentido nada parecido con otros hombres antes de conocer a Justice y, después de él, no había tenido interés en buscar a otro.

Justice era el único para ella.

Lo había tenido claro nada más conocerlo hacía tres años, le había bastado una mirada desde la otra punta de una pista de baile de una fiesta benéfica para saberlo.

Había sido como si el mundo se hubiera parado.

Exactamente igual que en aquellos momentos.

No había nada en el mundo, sólo Justice y sus manos, sus caricias y su olor.

– Justice… necesito…

– Ya lo sé, pequeña. Sé perfectamente lo que necesitas y te lo voy a dar -contestó Justice metiéndole los dedos un poco más y acariciándola hasta que Maggie gritó de placer.

Lo único que pudo hacer fue gritar y agarrarse a él hasta que su cuerpo comenzó a temblar y la increíble tensión muscular que había ido acumulando comenzó a deshacerse ante aquel placer tan profundo y tan fuerte. Entonces, gritó su nombre varias veces, mientras las oleadas de sensaciones recorrían su cuerpo y la dejaban desmadejada y sin respiración.



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