
– Justice…
– Maggie, si me dices que pare…
– ¿Qué harías?
– Pararía -suspiró él dejando caer la frente sobre la de su mujer.
Maggie le tomó el rostro entre las manos. Era cierto que no había ido hasta allí buscando sexo aunque, para ser completamente sincera consigo misma, se moría por que Justice la abrazara de nuevo y le volviera a hacer el amor. Lo había echado tantísimo de menos que la idea de perderlo para siempre era un dolor que le partía el corazón. Por eso, volver a sentir sus manos y sus labios había sido una bendición divina.
Cuando se había ido, cuando había abandonado su hogar conyugal, había rezado para que Justice fuera a buscarla y todo se arreglara. Al ver que no era así, había sufrido mucho, pero había intentado seguir adelante con su vida, se había buscado otro trabajo, había alquilado un apartamento y había hecho amigos nuevos.
Aun así, le faltaba algo.
Sabía perfectamente que una parte muy importante de ella se había quedado en el rancho. Con él.
Maggie se miró en aquellos ojos azul oscuro que la habían cautivado desde el principio.
– No pares, Justice. No pares, por favor.
Justice volvió a besarla, introdujo la lengua en su boca y se apoderó de ella con fruición. La pasión era tan fuerte que Maggie sintió una riada de energía.
Sintió un calor inmenso desde la cabeza a los pies. Era como estar en llamas porque le quemaba la piel, le hervía la sangre mientras la boca de Justice no paraba de besarla, sus dedos le bajaban la cremallera de los pantalones y una de sus manos se deslizaba por debajo de sus braguitas hasta aquel lugar de su cuerpo que lo esperaba con ansia.
Maggie se estremeció mientras Justice la acariciaba de manera íntima, separó las piernas y dejó que los pantalones cayeran al suelo. Le daba exactamente igual todo, lo único que quería era sentir sus caricias. Cuando Justice introdujo primero un dedo y, luego, dos en el interior de su cuerpo, estuvo a punto de ponerse a llorar.
