Amos Oz


De repente en lo profundo del bosque

Traducción del hebreo de Raquel García Lozano

Título original: pit'om be'omek baya'ar

Para mis queridos y asombrosos Din, Nadav, Alon y Yael, que me ayudaron a contar esta historia y le aportaron algunas ideas y sorpresas.


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La maestra Emmanuela explicó a la clase qué aspecto tiene un oso, cómo respiran los peces y qué sonidos emite la hiena por la noche. También colgó en la clase fotografías de animales. Casi todos los niños se burlaban de ella, porque en su vida habían visto un animal. La mayoría de los niños no se creía del todo que en el mundo existiesen esas criaturas. Al menos, no cerca de donde nosotros vivimos. Y además, decían, la maestra todavía no ha conseguido encontrar en todo el pueblo a nadie que quiera ser su pareja, y por eso, decían, tiene la cabeza llena de lobos, gorriones y todo tipo de fantasías que las personas sin pareja se inventan llevadas por la soledad.

Sólo el pequeño Nimi, debido a las explicaciones de la maestra Emmanuela, empezó a soñar por las noches con animales. Casi toda la clase se reía de él cuando lo primero que hacía por la mañana era contar cómo sus zapatos marrones, alineados delante de su cama, se habían convertido en la oscuridad en dos erizos que habían estado durante toda la noche arrastrándose por la habitación, pero por la mañana, al abrir los ojos, habían vuelto a ser de pronto un par de zapatos debajo de la cama. En otra ocasión, llegaron murciélagos negros a medianoche, le montaron sobre sus alas, atravesaron con él las paredes de la casa, sobrevolaron el pueblo, las montañas y los bosques y lo condujeron a un palacio encantado.

Nimi era un niño un poco despistado y casi siempre le moqueaba la nariz. Además, tenía los dos dientes incisivos hacia fuera y con un gran espacio entre ellos. Los niños llamaban a ese espacio «pozo de basura».



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