
Joe exhaló lentamente y observó el humo suspendido frente a su cara. Había dejado de fumar hacía tres meses y ya había vuelto a caer en el vicio. Pero hoy no podía dejarlo. Ni probablemente mañana. Tenía un buen motivo para ello.
Luchetti, su capitán, lo había jodido bien, razón de más para volver a fumar.
Entrecerró los ojos tras el humo clavándolos después en una mujer con una abundante melena de rizos cobrizos hasta la mitad de la espalda. La brisa le agitó el pelo que flotó sobre los hombros. No necesitaba verle la cara para saber que estaba parada en mitad de Ann Morrison Park estirando los brazos hacia arriba como una diosa adorando el cielo gris.
Su nombre era Gabrielle Breedlove y poseía una tienda de curiosidades en el distrito histórico de Hyde Park junto con su socio, Kevin Carter. Ambos eran sospechosos de utilizar la tienda como tapadera de otros negocios más lucrativos como la venta de antigüedades robadas.
Ninguno de los dos estaba fichado y nunca habrían atraído la atención de la policía si hubieran seguido operando a pequeña escala, pero les había podido la avaricia. La semana anterior habían robado una famosa pintura impresionista al hombre más rico del estado, Norris Hillard, más conocido como «El Rey de las Patatas». En Idaho su poder e influencia sólo eran inferiores al poder de Dios. Sólo alguien con un buen par de cojones [1] le robaría un Monet al Rey de las Patatas. Hasta ahora, Gabrielle Breedlove y Kevin Carter eran las mejores pistas del caso. Un informante de la cárcel había dado sus nombres a la policía y cuando los Hillard revisaron sus registros habían descubierto que seis meses antes Carter había estado en casa de los Hillard examinando una colección de lámparas Tiffany.
Joe aspiró el humo y lo exhaló lentamente. La pequeña tienda de antigüedades en Hyde Park era la tapadera perfecta y se hubiera apostado el huevo izquierdo a que el señor Carter y la señorita Breedlove sólo esperaban a que se enfriaran las cosas para entregar el Monet a algún traficante de arte a cambio de un montón de pasta. La mejor manera de recuperarla era encontrar la pintura antes de que pasara al traficante y desapareciera.
