Maliánov lanzó un largo aullido silencioso, cerró los ojos y los abrió de nuevo. Pero sus labios esbozaban una sonrisa maquinal, amistosa.

— Qué bien — dijo con tono amigable, negligente—. Pase, Lida, por favor. Perdone mi aspecto. El calor, sabe.

Debe de haber habido algo raro en su recepción, porque el hermoso rostro de Lida adquirió una expresión de desconcierto, y por algún motivo volvió la cabeza y miró el rellano, como si de pronto se preguntase si el lugar que buscaba era ese.

— Vamos, déjeme entrar su maleta — dijo Maliánov con rapidez—. Entre, entre, no sea tímida. Puede colgar su chaqueta aquí. Esta es nuestra habitación principal, aquí trabajo, y está es la de Bóbchik. Será la suya. ¿Tal vez quiere darse una ducha?

Oyó un cloqueo nasal que llegaba de la otomana.

— Perdón — dijo—. Póngase cómoda, enseguida estaré con usted.

Tomó el teléfono y oyó que Weingarten repetía con extraña voz monótona:

— Dmitri, Dmitri, oh Dmitri, ven al teléfono, Dmitri.

—¡Hola! Val, escucha…

—¡Dmitri! — gritó Weingarten—. ¿Eres tú?

Maliánov se asustó.

—¿Por qué gritas? Acabo de recibir una visita, perdóname. Te llamaré más tarde.

—¿Quién? ¿Quién es el visitante? — preguntó Weingarten con voz inhumana.

Maliánov sintió un estremecimiento. Val ha enloquecido. Qué día.

— Val — dijo con gran calma—. ¿Qué sucede? Ha llegado una mujer. Una amiga de Irina.

—¡Hijo de puta! — dijo Weingarten, y colgó.



CAPÍTULO 2


EXTRACTO 3…y se cambió el minijúmper y se puso una minifalda y una miniblusa. Es preciso decir que era una muchacha muy atrayente… y Maliánov llegó a la conclusión de que no necesitaba corpiño. No lo necesitaba; estaba en perfecta forma sin eso. Olvidó todo lo relacionado con las cavidades Maliánov.



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