
Hester sonrió con timidez.
– Sí, pero creo que se trata de uno de esos casos en los que la verdad resultaría decepcionante. El misterio resulta mucho más atractivo. ¿Los hombres se reunieron con vosotras?
Damaris esbozó una media sonrisa, compungida e irónica a la vez.
– ¿Te refieres a si entonces Thaddeus seguía con vida? Pues sí. Sabella subió al piso superior para estar sola, o más bien para que se le pasase el enfado, pero no recuerdo cuándo. Fue antes de que entraran los hombres porque pensé que lo hacía para evitar a Thaddeus.
– ¿Así que estabais todas en la sala de estar a excepción de Sabella?
– Sí. La conversación era muy artificial, quiero decir más de lo normal, pues siempre son bastante triviales. Louisa criticaba a Alex con disimulo, sin perder su habitual sonrisa, claro está. Luego se levantó e invitó a Thaddeus a subir para ver a Valentine… -Emitió un grito ahogado, como si se hubiera atragantado, que enseguida se transformó en tos-. Alex estaba furiosa. Recuerdo la expresión de su rostro como si la viera ahora mismo.
Hester era consciente de que Damaris hablaba de un tema que le afectaba profundamente, pero ignoraba por qué o qué clase de emoción le provocaba. Sin embargo, carecía de sentido continuar con la conversación si Damaris no refería lo que había ocurrido durante la velada.
– ¿Quién es Valentine?
– Es el hijo de los Furnival -respondió Damaris con voz ronca-. Tiene trece años, pronto cumplirá catorce.
