– Acto seguido llegaron Sabella y Fenton-prosiguió Damaris-, es decir, la hija menor de Thaddeus y su esposo -explicó a Hester-. Sabella se mostró descortés con Thaddeus. Todos fingimos no darnos cuenta, que es la actitud más sensata cuando te ves obligado a presenciar una pelea familiar. Resultó bastante embarazoso, y Alex parecía muy… -Buscó la palabra adecuada-. Parecía muy crispada, como si estuviera a punto de perder los estribos si la provocaban un poco más. -La expresión de su rostro cambió de inmediato y pareció ensombrecerse-. Los últimos en llegar fueron el doctor Hargrave y esposa. -Modificó su postura en la silla, de forma que dejó de estar frente a Hester-. Fue todo muy correcto y trivial, y totalmente artificial.

– Hace unos minutos nos dijiste que fue espantoso. -Edith enarcó las cejas-.No dirás ahora que fue una velada civilizada. Me contaste que Thaddeus y Sabella se pelearon y que ella se comportó de una forma horrible; que Alex estaba blanca como la nieve, de lo que Thaddeus ni siquiera se percató o, por lo menos, fingió no percatarse, que Maxim coqueteó con Alex, lo que, como es obvio, a Louisa no le gustó nada.

Damaris torció el gesto y tensó los hombros.

– Eso pensé. Sin embargo es posible que Maxim, al ser el anfitrión, se considerara responsable e intentara mostrarse amable con Alex para que se sintiera mejor, y Louisa lo interpretase mal. -Dirigió una mirada a Hester-. Le encanta ser el centro de atención y le incomoda que alguien se preocupe en exceso por otra persona. Trató con demasiada dureza a Alex durante toda la velada.

– ¿Os dirigisteis todos juntos al comedor para cenar? -preguntó Hester, quien seguía interesada por los detalles objetivos del crimen, si es que la policía estaba en lo cierto y se trataba de un asesinato.

– ¿Qué? -Damaris frunció el entrecejo al tiempo que miraba por la ventana-. Oh, sí, todos tomados del brazo, como nos habían indicado, de acuerdo con las normas de etiqueta.



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